sábado, 14 de septiembre de 2013

Buscando la inspiración

Es extraño y perturbador cuando quieres hacer lo contrario a lo que, involuntariamente, tu mente hace sin consultar ni preguntar, parece que nunca va a aprender y vuelve a caer en lo mismo... Ilusa, yo creía que las neuronas se habían endurecido, que sus pequeñas conexiones se habían forjado más fuerte y sólo para las tareas mecánicas de la vida, sin opción a nada más, anulando la ilusión y los sueños...

Es complicado querer escribir sin tener inspiración, sin encontrar un camino qué seguir o mostrar, miro a mi alrededor y nada parece despertar esa pequeña llama que enciende a la creatividad; seguramente debería mirar dentro de mi, buscar en los recuerdos recientes, que aunque son agradables, deben quedarse almacenados, ocultos en algún rincón para que no dañen la estabilidad.... En ellos podría encontrar una fuente importante, pero como una vela, a la vista su llama es hipnotizadora, pero si la toco me quemo, como en otras tantas ocasiones. Miro mis manos con las cicatrices, mi corazón desea latir pero se lo prohibo, lo tengo encerrado en una caja y amenazado para que no haga ruido, mis ojos son de color eterno rojo de llorar, y las lágrimas, las únicas que parecen no agotarse, intentan no desbordarse, ahogándome por dentro.

La inspiración puede presentarse o buscarse, pero en ambos casos, me parece peligroso, pues la búsqueda puede ser mortal para los sentidos, y que se presente puede terminar de romper los pequeños hilos que me mantienen deambulando como una marioneta, notando el sol sin sentirlo, viendo la luna sin verla.

¿Dónde estará aquello que pueda despertar de nuevo mi alma? Mentiría si dijera que recientemente parece que ha revivido levemente, pero me siento con ella delante de la mesa y la máquina de escribir y, aunque sé que le duele, sabe que es verdad lo que le digo, que no debe soñar ni hacerse ilusiones, que esa inspiración que ha aparecido es sólo una imagen más, no es el camino ni la va a ayudar a salir de la cueva... Ella llora, y yo con ella, abandonando a la máquina de escribir, sin poder teclear nada, dolidas y rotas; a fin de cuentas, somos la misma persona, el mismo camino perdido, la misma oscuridad y la misma vida sin sentido que sólo busca una inspiración...


lunes, 5 de agosto de 2013

La hipocresía

Cuando las cosas parecen ir bien, de repente, como un hachazo, la confianza que depositabas en una persona se ve rota, dejándote en una situación de choque de la que, al principio, no sabes cómo reaccionar, una mezcla de rabia y dolor van creciendo en tu interior, hasta que explotan todos esos sentimientos y te dejan en el vacío, sin más camino que recorrer, con todo destrozado, tanto el andado como el que estaba por delante...

Existen muchas formas de ser, pero quizás, la más odiosa, es la de los hipócritas, seres vacíos de conciencia, que se encargan de llenar su alma a consta de las de los demás, sin escrúpulos a la hora de manejar las cosas, sin sentir pena ni dolor por utilizar a las personas y desecharlas como si fuesen un periódico viejo o un pañuelo usado...

Dolor y rabia, mala combinación para intentar pensar, pues cuando las lágrimas se secan por el calor que desprende la rabia, ésta se ahoga en las lágrimas que vuelven a resurgir, de manera que nada está claro, excepto la certeza de que te ya estás en el camino sin nadie que te acompañe cuando has ayudado  a otros a caminar por ese mismo sendero y sabes que necesitas ayuda para seguir...

Todo se nubla, corazón, vista y movimientos, sólo miras al camino roto delante, y al borrado detrás, sin creer que pueda ser verdad que te hayan utilizado, engañado y ahora no vean el destrozo que han hecho con sus frías mentes y deseos de superioridad, ¿y todo para qué? ¿para conseguir algo? Si el mundo funciona a base de hipocresía, ¿quién dice la verdad? ¿en quién podemos confiar?

domingo, 4 de agosto de 2013

Sin salida

Como su propio nombre indica, los callejones sin salida, son, efectivamente, calles que no dan a ninguna parte, sólo a un duro muro contra el que te puedes estar dando una y otra vez, que no se romperá, ni siquiera conseguirás hacerle el más mínimo daño... Triste es ver la realidad, mirar al pasado y ver lo que ha sido y lo que se es ahora en el presente, cómo otros han vivido y yo sólo he visto como vivían, y ahora, sólo soy parte de la nada abrumadora.

Llegado al punto donde la esperanza de cambiar parecía algo lejano, ya todo se desvaneció, y esa esperanza, aquella que dicen que es lo último que se pierde, ya no está, con lo cuál ¿alguien sabe qué queda ahora? Ya no hay nada en lo que creer, nadie en quien confiar, y en ese oscuro callejón lentamente me ahogo entre lágrimas y gritos; Podría, en un amago de reunir las pocas fuerzas que me quedan, intentar salir fuera, pero ya lo he hecho varias veces, y sólo me ha servido para meterme en otro callejón más estrecho y oscuro...

Ya no existe la esperanza para un alma perdida, aquellos que condenados en vida sólo nos queda ver a la gente pasar a nuestro lado, sabiendo que nunca seremos parte de alguien, que el leve recuerdo de aquellos que nos hayan conocido nos irán poco a poco olvidando, seremos el susurro a extinguir, la brisa que sólo pasa una vez, y el invierno será eterno en nuestros corazones sin alma.

En un rincón me quedaré esperando a que las sombras se lleven lo poco que quede de humanidad en mi, y me conviertan en el espectro que ya prácticamente soy, para seguir vagando entre las calles invisible, sin derecho a sentir felicidad, alegría o amor, sólo sufrimiento, llanto y desesperación.